
El mito cuenta que Cuniraya Huiracocha existió desde tiempos
muy antiguos y que los demás dioses como Pariacaca lo estimaban más que a
cualquiera, y posiblemente que fuera su padre, poco antes de la aparición de
los españoles. Cuniraya se dirigió al Cusco y habló con el Inga Huayna Cápac
diciéndole: «vamos, hijo, a Titícaca», le dijo, (”allí voy a iniciarte en mi
culto”) (TAYLOR, 1999: 197); le indicó al inca que enviara a sus sabios o
brujos a las tierras de abajo, es decir, a la costa, al santuario del padre de
Cuniraya (¿Pachacamac?) para que le pidieran
una de sus hermanas y volvieran en cinco días. Una vez en el lugar, el
padre de Cuniraya le entregó en una taquilla para que el mismo inca lo abriera,
pero fue más la curiosidad del chamán que animado por la golondrina que la
abrió: “En el interior apareció una señora muy elegante y muy hermosa/ Su
cabello era como oro crespo; estaba vestida con ropa finísima y su tamaño era
minúsculo. / En el instante mismo que la vio, la señora desapareció”. (TAYLOR,
1999: 201).
A pesar de no haber cumplido con su misión, el hombre
encargado fue perdonado por Huayna Cápac por haber sido animado por las
golondrinas, entonces nuevamente regresó y cumplió ahora sí con el encargo y
«Cuniraya y el Inga lo recibieron con gran regocijo». Antes de abrir el
encargo, Cuniraya trazó una línea en el suelo indicando que en un lado se
quedaría Cuniraya; por el otro, entraría

Huayna Cápac y su hermana y en adelante no se volverían a ver nunca más. Y
cuando abrió el cofre el lugar se inundó de luz. Y el inca dijo que se quedaría
en el mismo lugar (¿el Titicaca?) con su coya, e indicó a un hombre de su ayllu
para que se dirigiera al Cusco y que diga que él es Huayna Cápac y luego
desapareció. Y cuando murió Huayna Cápac, «unos y atros, al proclamar la
prioridad
de sus derechos, provocaron el derrumbe de su señorío. / Así estaban
las cosas cuando los huiracochas aparecieron en Cajamarca» (TAYLOR, 1999: 205).
Este mito muestra que Cuniraya estableció un parentesco de
cuñado con Huayna Cápac, por lo que representa una alianza o justificación
mítica de la integración, entre los habitantes de la costa y los habitantes de
la zona altoandina. Asimismo, interpreta la rivalidad de los hijos de Huayna
Cápac, Huáscar y Atahuallpa, y la situación existente a la llegada de los
españoles y la causa de la caída del Tahuantínsuyo.
Tomado de: Los mitos y las tradiciones de Huarochirí durante
el siglo XVII
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